Ahora que se habla de empoderamiento.

Patricia Vaz es la autora del siguiente artículo de opinión que inaugura nuestra sección Caminar en Red.


 

Ahora que se habla de empoderamiento. 

En un año tan “electoralísimo” como el que vivimos, todos y todas se acuerdan de reclamar el papel activo de la ciudadanía para decidir su soberanía. Después llegará el silencio, o con suerte, todo el ruido llamando a los ciudadanos y ciudadanas a exigir y reclamar derechos quedará convertido en un rumor, que por efecto de la habituación apenas será audible para muchas personas, algunas de ellas en puestos cuya principal competencia debería ser escuchar y prospectar la realidad social.

El empoderamiento de colectivos y de la ciudadanía no es cosa de años electorales, no debe pedir participación para hoy y mayoría silenciosa para mañana, será legal, pero no es ético, ni moral, ni creíble el interés repentino.

Quienes trabajamos en el ámbito social, llevamos años escuchando hablar y tratando de conseguir el empoderamiento de los y las usuarias y colectivos a los que nos dirigimos, en muchos ocasiones hemos caído también en la trampa del “individualismo”,  pensando que todo mejora cuando se aumentan las capacidades y se desarrollan las potencialidades del individuo, y no es que esto sea falso, es incompleto. Las personas tienen en su mano la capacidad de mejorar sus situaciones hasta un límite, a partir del cual, la potencialidad trasciende lo individual y sólo encuentra una vía de desarrollo a través de la acción social, es este proceso del despertar de la conciencia social, unido a la implicación en planes de acción colectiva que refuerzan la cohesión grupal y que impactan de forma positiva en la salud de las personas, a lo que denominamos empoderamiento ciudadano, buscando la mejora de las condiciones de vida de las colectividades.

Cuando esto se da, nos encontramos con grupos y colectivos fuertes que exigen garantías para el ejercicio de sus derechos, el cumplimiento de los servicios básicos que permitan el desarrollo de una vida digna. Son colectivos capaces de mostrar alternativas sostenibles ante el incumplimiento y/o dejadez de funciones por parte de las administraciones públicas. Grupos, al fin y a cabo, que no esperan a que se les acerquen las instituciones en años electorales o en fechas señaladas, porque siempre estám llamando a sus puertas aunque no se les escuchen.

Y en todo esto las mujeres, mitad de la ciudadanía y colectivo en sí mismo vulnerado, que no nos esperen, porque ya estamos y seguiremos estando detrás de las puertas, en los despachos, en las mesas que ocupemos y en las calles para exigir, denunciar, insistir y persistir que nuestras voces deben escucharse más allá de años electorales y fechas señaladas, que una ciudadanía empoderada, lo es siempre y no solo se manifiesta en un voto cada cuatro años.

 

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